Después del “Domingo Rojo”: así se comportó la seguridad en carreteras el martes 24 de febrero

Tras el operativo en el que fue abatido Nemesio Oseguera, “El Mencho”, el país pasó del caos del domingo a una tensa normalización en carreteras el martes 24 de febrero. La fotografía de la jornada: muchos tramos reabiertos, pero todavía bloqueos focalizados, vehículos quemados y logística operando bajo riesgo elevado.

El Gabinete de Seguridad reportó que el domingo se registraron 252 bloqueos carreteros en 20 estados, con decenas de camiones y autos incendiados. Para el martes 24, el balance mejoró: se hablaba ya de una reapertura gradual de actividades y sólo un bloqueo activo en la carretera Zapotlanejo–Lagos, a la altura de Tepatitlán, mientras continuaba la remoción de unidades calcinadas.

Sin embargo, en Jalisco la realidad en piso fue menos tranquila de lo que sugerían los primeros mensajes oficiales. Crónicas locales dan cuenta de nuevos incendios de vehículos durante la madrugada y la mañana, así como de dos tráileres quemados el lunes en la autopista Zapotlanejo–Lagos de Moreno que mantuvieron cerrada la vía por horas y generaron efectos de arrastre sobre el autotransporte de carga. (Eje Central)

Al cierre del día, el propio Gobierno federal reconocía que rutas y accesos seguían parcialmente suspendidos en cuatro entidades –con énfasis en Jalisco y Michoacán– y que algunas corridas de autobús desde Ciudad de México hacia Colima y Monterrey continuaban canceladas o recortadas. Es decir, el tráfico se movía, pero lejos de la normalidad plena. (jornada.com.mx)

En municipios como Mascota y la zona costa (Cihuatlán, Melaque), el rezago en el retiro de vehículos quemados siguió causando desabasto de alimentos y colapso vial local, mientras en el área de Guadalajara persistían puntos de tensión y vigilancia militar y de Guardia Nacional sobre las principales salidas carreteras. (jornada.com.mx)

Puerto de Manzanillo crece en movimiento de contenedores en casi 8%

El Puerto de Manzanillo alcanzó, en el primer mes del año, el movimiento de contenedores más alto de su historia, con un acumulado superior a 354 mil TEUs -que es la unidad de medida aplicada en el comercio exterior marítimo-, superando por 8,281 al registrado el pasado mes de agosto. Esta cifra representó un incremento anual de casi 8%.

Así se señala en el informe estadístico mensual de la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) de Manzanillo de la Secretaría de Marina, el cual indica que la carga contenerizada representó 74% de la carga total transportada en las diferentes terminales del puerto más importante de México. Destaca el incremento de 21% en las exportaciones, con 164 mil TEUs.

Asimismo, en el movimiento de cajas de contenedores, se dio un aumento superior a 9%, con más de 202 mil. 

Asipona precisa que, en enero, las cinco principales líneas navieras en el transporte de contenedores en Manzanillo fueron One, Hapag-Lloyd, MSC, Maersk y CMA CGM.

Por otro lado, el movimiento de carga total de productos aumentó 8.5%, con 2 millones 487 mil toneladas, crecimiento que se presentó de manera generalizada en todas las modalidades de operación: importación, exportación, transbordo y cabotaje.

De manera específica, la carga de granel mineral, incluyendo mercancías como pellet de hierro, concentrado de cobre y urea, significó 15% del total, con un aumento de 40% respecto al mismo mes de 2025, en tanto la de granel agrícola, con productos como frijol de soya, semilla de avena y cebada, absorbió 7%, con un notorio incremento de 231% en los últimos 12 meses. A su vez, la carga general, principalmente de maquinaria, tractocamiones y carga proyecto, implicó 4% del conjunto de la carga comercial.

La industria de camiones en México se mantiene firme… pese a los aranceles de EE. UU.

La producción de camiones pesados hechos en México no se ha desplomado inmediatamente tras la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, pero el panorama sigue muy volátil para los fabricantes y exportadores del sector.

Según datos recientes de la prensa especializada, los constructores mantienen niveles de producción estables en México, confiando en una recuperación del mercado en 2026 a pesar de los nuevos gravámenes anunciados por Washington.

Estos aranceles forman parte de políticas comerciales más amplias bajo la Sección 232 del Código de Comercio de EE. UU., que buscan proteger la seguridad nacional —en palabras del gobierno estadounidense— imponiendo tarifas a vehículos pesados importados.

La reacción en la industria ha sido cautelosa: algunos fabricantes ya ajustaron sus estrategias de producción para minimizar el impacto fiscal, apoyándose en reglas de contenido regional del USMCA para mantener competitividad en el mercado norteamericano.

🔍 Análisis estratégico: resiliencia industrial vs. tensiones comerciales

La lectura fría es que los aranceles no han fracturado la producción de camiones en México, pero sí han encendido un foco de riesgo estructural. La estabilidad momentánea oculta una presión de costos que, de persistir, podría:

Aumentar el costo de exportación mexicana, erosionando competitividad frente a otros mercados regionales.

Reforzar decisiones industriales de nearshoring, donde OEMs (fabricantes) buscan amarrar contenido local para evitar gravámenes.

Retrasar decisiones de inversión y expansión de planta, ante la incertidumbre regulatoria en EE. UU.

Desde una perspectiva de autotransporte, esta situación plantea un reto de fondo: mantener la producción sin sacrificar empleo, competitividad ni acceso al principal mercado consumidor.

CDL en inglés: la nueva regla en EE.UU. que redefine el mercado de operadores

La decisión del Departamento de Transporte de Estados Unidos (US Department of Transportation) de exigir que todas las pruebas para licencia comercial se apliquen en CDL en inglés abre un parteaguas para la seguridad vial… y para el mercado laboral de choferes, donde miles de conductores latinos y mexicanos podrían quedar fuera si no se adaptan a tiempo. La medida forma parte de una ofensiva regulatoria de la administración Trump para depurar escuelas “patito”, cerrar vacíos legales y sacar de circulación a operadores no calificados.

En lo operativo, la regla establece que todo examen teórico y práctico para obtener la CDL en inglés deberá aplicarse únicamente en ese idioma, eliminando la posibilidad de presentar la prueba en otros idiomas, como ocurría en estados que ofrecían hasta 20 lenguas distintas, entre ellos California. El argumento oficial: asegurar que el conductor pueda leer señales, entender instrucciones de oficiales y comunicarse adecuadamente en inspecciones y emergencias. (AP News)

El anuncio llega después de una serie de accidentes fatales atribuidos a choferes sin dominio funcional del idioma y a fallas en el sistema de capacitación. En paralelo a la regla de CDL en inglés, el DOT ordenó el cierre o revisión de cientos de escuelas de manejo comercial que no cumplían estándares mínimos, y adelantó que se acabará la “autocertificación” de centros de formación, una práctica que permitió proliferar verdaderas fábricas de licencias. (Reuters)

Para las flotas que operan en el mercado estadounidense —incluyendo empresas mexicanas con operadores que cruzan la frontera—, la norma de CDL en inglés implica reconfigurar reclutamiento, capacitación y cumplimiento. Ya no bastará con que el chofer “se defienda” en lo básico: si no aprueba el examen en inglés, simplemente no habrá licencia, y por ende no podrá circular legalmente. La presión será mayor en nichos donde el driver pool es predominantemente hispano y con formación escolar limitada. (Truck News)

Paradójicamente, la regla se aprueba en un entorno de escasez estructural de operadores en EE.UU. La industria lleva años alertando que endurecer requisitos sin ampliar la oferta de talento puede encarecer el flete, presionar salarios y acelerar la automatización. El costo no será solo social —conductores que quedan fuera—, sino también logístico: menos manos disponibles en un mercado que ya opera al límite.

Maersk enfrenta su mayor crisis: el “colapso” del transporte marítimo y el impacto para México

El gigante danés Maersk, históricamente visto como la “reina de los mares”, atraviesa lo que algunos analistas han calificado como la mayor crisis de su historia. La compañía —referente mundial en transporte marítimo de contenedores— está lidiando con la confluencia de presión de costos, ciclos de demanda volátiles y disrupciones en la cadena global de suministro, un fenómeno que amenaza con reconfigurar las dinámicas del comercio marítimo y que ya se siente hasta puertos clave de México.

Según los reportes, Maersk ha reportado caídas en sus ganancias, tensiones en sus líneas de negocio y retos operativos sin precedentes, derivado de factores como la disminución de los volúmenes globales de carga, la sobrecapacidad de buques, el aumento de los costos de operación (combustible, tripulación, revisiones técnicas) y una mayor competencia de operadores alternativos. Esta combinación se ha visto agravada por la incertidumbre económica global y la desaceleración de algunos mercados clave, especialmente aquellos vinculados a bienes de consumo duradero.

El episodio pone de relieve la vulnerabilidad de un sistema que, tras años de optimización de capacidad y eficiencia, enfrenta un ajuste profundo entre oferta de espacio marítimo y demanda real de carga. El resultado: presión en tarifas, rotaciones más largas de contenedores en puertos y menores ingresos por TEU (unidad equivalente de veinte pies), el principal referente de negocio en transporte marítimo.

¿Por qué importa para puertos mexicanos?

Los puertos mexicanos como ManzanilloLázaro Cárdenas y Veracruz son nodos esenciales para el comercio exterior del país y forman parte de corredores estratégicos dentro de las cadenas de suministro globales. Cuando un operador del tamaño de Maersk enfrenta dificultades, las consecuencias se filtran en áreas como:

  1. Volúmenes de importación y exportación, que pueden disminuir si los cargadores buscan alternativas más económicas o flexibles ante la presión tarifaria.
  2. Tiempos de operación portuaria, debido a rotaciones más lentas o reconfiguración de rutas.
  3. Costos logísticos para cargadores mexicanos, que pueden traducirse en mayores tiempos de tránsito o necesidad de inventarios más amplios para compensar la incertidumbre.

Para sectores que dependen del comercio marítimo —automotriz, manufactura, electrónica y agroindustria—, estos efectos pueden traducirse en reacomodos de rutas logísticas, redefinición de contratos y búsqueda de alternativas multimodales.

Factores detrás del “colapso” percibido

El llamado “colapso” se explica por una serie de fuerzas simultáneas:

  • Exceso de capacidad: Los armadores habían invertido en buques gigantescos en temporadas de alta demanda (post-pandemia), que hoy superan los requerimientos reales.
  • Competencia de precios y servicios: Transportistas y operadores más ágiles han ganado participación con tarifas más agresivas o servicios combinados.
  • Presión de costos operativos: Altos precios de combustibles marinos, gastos de mantenimiento y mayores exigencias de sostenibilidad (como el uso de combustibles limpios) han comprimido márgenes.
  • Volatilidad de la demanda: Cambios en el consumo global y estrategias de nearshoring han desplazado patrones de carga tradicional.

Estos factores no solo afectan a Maersk, sino al ecosistema completo del transporte marítimo, que enfrenta una redefinición de capacidad, modelos de negocio y estrategias competitivas.

Análisis y conclusión

La crisis en Maersk no es un episodio aislado, sino un síntoma de un mercado marítimo que requiere reajustes estructurales. Para México, el impacto en sus puertos y cadenas logísticas puede manifestarse en menor estabilidad de volúmenes, presión en rotaciones y necesidad de mayor diversificación logística (combinación de marítimo, terrestre y ferrocarril). El sector exportador e importador deberá considerar modelos de gestión de inventarios más ágiles y alianzas con operadores multimodales para mitigar posibles perturbaciones derivadas de la evolución del transporte marítimo global.